Las neuronas espejo. El poder de la empatía

Tenemos la capacidad de observar los comportamientos de las personas que nos rodean y, a la mayoría de ellos, les atribuimos una explicación.

Incluso, al observar un espectáculo de música, deporte o teatro, a veces sentimos la necesidad de realizarlo. Parece que en nuestras relaciones hay algo más que simple curiosidad, algo que se contagia sin darnos cuenta.

¿Quieres saber por qué sucede esto?

Porque al relacionarnos y observar a los demás, activamos las neuronas espejo, que son alrededor del 20 % de nuestras neuronas.

Ellas son las responsables de que seamos capaces de empatizar o emocionarnos al ver una imagen tierna o de amor. Nos enfademos al ver odio y peleas o sintamos tristeza ante las catástrofes que nos muestran los telediarios. Y tengamos esa sensación de dolor cuando observamos que otra persona se cae o se da un golpe. Nos conectan directamente con nuestra capacidad de tener empatía, porque vivimos las acciones de otros como propias.

Las neuronas espejo se activan de igual manera cuando realizamos una acción que cuando observamos a alguien haciéndola. En esto se fundamenta el aprendizaje por imitación en el que, aunque uno no realice las acciones, aprende de manera indirecta de ver cómo lo hacen otros.

(Es posible que en este momento estés pensando en cómo te imita tu peque cuando te peinas, caminas o te vistes.)

Este tipo de aprendizaje es muy potente cuando se crean situaciones grupales en las que unos pueden aprender de cómo lo hacen otros. La multiplicación de repeticiones hacen que el aprendizaje se fije y aumente de manera muy grande.

El descubrimiento de las neuronas espejo

Las neuronas espejo fueron descubiertas por el equipo del neurobiólogo Giacom Rizzolatti en el contexto de la experimentación con monos. Mientras investigaban cómo las neuronas de la corteza premotora en el macaco controlaban la acción de prensilidad. Al utilizar electrodos en las zonas donde se encontraban estas neuronas para registrar cómo se activaban cuando el mono agarraba un objeto o algún alimento, percibieron que cuando uno de los investigadores cogió un plátano, reaccionaron algunas neuronas del mono.

En un principio, pensaron que lo sucedido fue un error. Pero luego comprobaron que todo estaba bien y que las neuronas reaccionaban cada vez que ocurría el movimiento.

Es decir, las neuronas se activaban tanto si el mono agarraba un objeto como si veía a otra persona o mono agarrarlo.

¿Qué son las neuronas espejo?

Las neuronas espejo son un tipo de neuronas que se activan cuando se observa como alguien ejecuta alguna acción o imaginamos o tenemos una representación mental sobre la misma. Por eso, se les asignó como apellido “espejo” porque reflejan lo que vemos en nuestro cerebro. De esto podemos deducir lo que los demás piensan, sienten o hacen. Están especializadas en comprender no solo la conducta de los demás sino también cómo se sienten.

Están muy relacionadas con los comportamientos empáticos, sociales e imitativos. Son consideradas por algunos científicos como uno de los descubrimientos más importantes de la neurociencia en los últimos años.

Las neuronas espejo se localizan principalmente en una zona situada en la parte frontal del hemisferio izquierdo del cerebro (área de Broca) relacionada con la capacidad para el lenguaje. Cuando escuchamos hablar a alguien y le vemos gesticular, las neuronas espejo activan el área de Broca y las regiones del cerebro encargadas de mover los músculos fonadores como si nosotros mismos estuviésemos hablando. Este hecho se produce ya a edades tempranas, por lo que su influencia en la capacidad comunicativa es básica.

Las neuronas espejo y la empatía

A través de las neuronas espejo controlamos y decodificamos el movimiento de las manos ajenas. Cuando hablamos con alguien y este mueve sus manos, nuestras neuronas espejo entran en acción para interpretar el movimiento de manos de la otra persona.

Reflejan aquello que vemos en el exterior a nivel motor y son capaces de reflejar aspectos emocionales porque están conectadas con el sistema límbico.

Según afirma el neurocientífico Marco Lacoboni, los niños que imitan y observan con mayor atención las expresiones faciales de las personas que les rodean muestran una mayor activación de estas neuronas y como resultado de ello, mayor nivel de empatía. La razón de ello se encuentra en que cuando un niño ve sonreír a alguien, sus neuronas espejo crean una representación mental de esa sonrisa en su mente, enviando señales al sistema límbico y finalmente, termina sintiendo lo mismo que la persona que observa.

“Somos criaturas sociales. Nuestra naturaleza depende de entender las acciones, intenciones y emociones de los demás. Las neuronas espejo nos permiten entender la mente de los demás, no solo a través de un razonamiento conceptual sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando.” – Giacomo Rizzolatti

Otro dato curioso es que el neurocientífico V. Ramachadram se refiere a ellas como “Neuronas Gandhi” por su capacidad de facilitar el entendimiento, la solidaridad y la cooperación con los demás. Incluso las neuronas espejo son las encargadas de hacernos bostezar cuando otra persona bosteza. O de que nos encontremos imitando un gesto de la persona con la que estamos tomando un café, sin saber por qué.

Como podemos observar las neuronas espejo nos ayudan a reconocer y comprender las acciones de los demás. Por este motivo tiene un papel fundamental en procesos como la empatía, la imitación y la teoría de la mente. Estas neuronas son una prueba más de que somos seres sociales y aprendemos los unos de los otros tanto las cosas buenas como las cosas malas.

Ahí lo dejo…

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