Cómo fomentar la responsabilidad y la autonomía en tus hijos

Una de las misiones más importantes que tienes como padre o madre es ayudar a tus hijos a separarse de ti de manera autónoma.  Ayudarles a convertirse en personas independientes con las herramientas, los recursos, las competencias y las habilidades necesarias para que en el futuro puedan valerse por sí mismos sin tu ayuda. Bueno, algún tupper de lentejas los domingos se podrán llevar.

Al fomentar la responsabilidad y autonomía de tus hijos les ayudas a sentirse mucho más seguros, con confianza y mucho mejor con ellos mismos. Es algo que puedes comenzar a inculcarles desde pequeños, simplemente tienes que valorar qué es lo que pueden hacer dependiendo de la edad que tienen.

La palabra responsable viene de latín responsum (ser capaz de responder, corresponder a otra persona). La responsabilidad es el cumplimiento de las obligaciones o cuidado al hacer o decidir algo. Una forma de responder que implica el claro conocimiento de que los resultados de cumplir o no las obligaciones, recaen sobre uno mismo.

En los estudios el que es responsable lleva a cabo sus tareas con buenos resultados, seriedad y prudencia porque sabe que las cosas deben hacerse bien desde el principio hasta el final y que sólo así se obtienen resultados.

A medida que tus hijos adquieren responsabilidades, aprenden a comportarse de manera que puedes y pueden confiar en ellos mismos. Este comportamiento genera confianza y tranquilidad en las personas a las que han dado su palabra.

Pero ¿cómo puedes a ayudarles a convertirse en personas independientes cargadas de recursos? Las familias que nos acompañáis cada fin de semana en los talleres de El Laboratorio de Felicidad, ya estáis incorporando buena parte de las herramientas y aprendizajes necesarios.  Pero para todos aquellos que todavía no nos conocéis queremos dejaros aquí algunos trucos y consejos para que poco a poco vayáis poniendo en práctica con vuestros hijos.

Deja que tus hijos tomen sus propias elecciones

La capacidad de decidir es como un músculo y cuanto más lo ejercitas mejor y más entrenado está para tomar decisiones. Por ejemplo, puedes darles a elegir entre dos opciones (esto es importante) la ropa que se ponen cada mañana. A la hora de cenar también puedes plantearles dos opciones para que elijan. Una que funciona muy bien si quieres que esa noche cenen pescado, es darles a elegir entre pescado y brócoli. Casi seguro que esa noche cenarán pescado.

Puede parecer absurdo preguntarles si quieren medio vaso de leche o uno entero, su pan muy tostado o poco, pero para tus hijos cada pequeña elección es una oportunidad más de ejercer cierto control sobre lo que le sucede en la vida. En el día a día de tus hijos hay muchos “debes” y “tienes que” y pocas posibilidades de elegir. Esto provoca que en ocasiones se vuelvan resentidos y rebeldes.

Por ejemplo:

  1. “Debes lavarte los dientes”.
  2. “Deja de dar golpecitos en la mesa”.
  3. “Ahora tienes que irte a la cama.”

Si puedes darle alternativas de cómo hacer algo, suele ser suficiente para disminuir su resentimiento y dejarse llevar como en el juego de al máximo sin pasarse que hacemos en los talleres:

  1. “Puedo ver lo mucho que remoloneas para lavarte los dientes. ¿Te resultaría más fácil lavártelos y elegir si te enjuagas con el vaso de Peppa Pig o con el de la Patrulla Canina?”.
  2. “Esos golpecitos de verdad me molestan. Puedes dejar de golpear y quedarte aquí; o bien puedes ir a hacerlo a tu habitación. Tú decides”.
  3. “Ahora es el momento para que papá y mamá charlen un poco y es hora de que tú te vayas a la cama. ¿Quieres dormirte ahora, o quieres jugar un rato en tu cama y llamarnos cuando estés listo para que vayamos a arroparte?”

Demuestra respeto hacia los esfuerzos de tu hijo

En vez de decirles cuánto tardas en hacer lo que sea, puedes decirles: “es complicado atarse los zapatos con los dedos, cuanto más practiques más irás mejorando”. En lugar de decirles que se han equivocado en algún ejercicio concreto de los deberes, puedes decirles: “es complejo ese ejercicio que estás haciendo. Me acuerdo cuándo me tocó aprenderlo a mí, me costó bastante más que a ti. Aprendes más rápido que yo.”

No les bombardees a preguntas 

Evita interrogatorios con preguntas cerradas de sí o no porque rompen la comunicación. Este tipo de preguntas las viven como una invasión de su vida privada, que les hacen sentir que no te interesa saber de ellos y sólo buscas sacar la información que te interesa a ti.

En vez de eso prueba a alegrarte de ver a tu hijo y dile: ¡Bienvenido a casa! ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Me alegro de verte!, etc. De esta manera, al no cerrar la pregunta tu hijo te va a hablar de lo que realmente le interese y cuando el quiera y necesite comunicarse contigo.

¡Ten paciencia! No te precipites dando respuestas a sus preguntas

 Se paciente y dale tiempo a que sea él quien encuentre las respuestas. Una buena técnica es devolverle la pregunta que nos realice. Por ejemplo:

  • ¿tú cómo lo harías?
  • ¿qué piensas tú?
  • ¿cómo lo resolverías tú?
  • ¡es una pregunta interesante!
  • ¿tú que crees?, etc

Anima al niño a que pregunte, busque ayuda y respuestas fuera del hogar

Por ejemplo cuando entréis en alguna tienda, prueba a permitir que sea él o ella quien elija y se informe de las cosas que le interesen. Aquello de “papá me explicas la lección” es menos efectivo. Lo importante es evitar que desarrollen dependencia de nosotros y que vean desde bien temprano que el mundo está lleno de recursos y personas que les pueden ayudar a resolver sus problemas con autonomía.

Permite que haga las cosas por sí mismo, no le quites la esperanza

En vez de prepararlos para que no se decepcionen, permite que exploren, que experimenten, que acierten y se equivoquen para que así puedan aprender de sus aciertos y errores. Esto les permite aprender de su experiencia. Al criarles envueltos entre algodones solamente les estamos limitando su capacidad de soñar y apostar por crear y perseguir sus sueños.

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