¿Cómo enseñar a tu hijo a escuchar?

Puffff…tarea complicada la que tenemos para hoy. ¿Cómo enseñar a tu hijo a escuchar?

¿Cuántas veces le dices a tus hijos al cabo del día aquello de: «es que de verdad, parece que nunca escuchas lo que te digo»?

¿Y cuántas veces te descubres a ti misma pensando en otra cosa mientras tu hijo te está contando algo super especial que le ha pasado en el cole?

Estoy segura de que has oido hablar cientos de veces de la importancia de la escucha activa.

De poner atención cuando te hablan.

De no interrumpir a tu interlocutor cuando está hablando.

La teoría te la sabes, sin duda. Sin embargo, a la hora de llevarla a la práctica me atrevería a apostar que suspendes.

A mí me pasa mucho aquello de estar pensando en qué me voy a poner esta noche para salir mientras mi madre me cuenta que se ha encontrado a su amiga Puri en el Super.

Sí, sí…ahora confiesa, ¿cuál es tu pensamiento recurrente para desconectar de lo que te están contando?

«Que si mañana tengo dentista, que estaría guay irse de vacaciones a Huelva, que siiiii…» Reconócelo, es prácticamente imposible poner atención plena a otra persona cuando te habla. Y lo mismo te pasa con tus hijos, por mucho que les ames. Cuando se ponen parlanchines en modo piloto automático, tu mente vuela.

Mi objetivo de hoy no es convertirte en una super escuchadora que mira a su interlocutor sin pestañear y que solo le falta tomar notas para que no se te escape nada. No, tampoco tienes por qué sacar matrícula de honor en escucha activa.

Pero sí me gustaría darte algunos trucos y pistas para que puedas entrenar a tu cerebro y a tus oídos en el bello arte de escuchar. Te aseguro que no solo las personas con las que te comuniques te lo agradecerán, si no que tú también te sentirás más relajada y disfrutarás más del tiempo con esas personas, con tus hijos.

Barreras que dificultan la escucha activa

En primer lugar te voy a contar brevemente cuáles son las barreras más habituales que te impiden escuchar con atención:

  1. Dividir tu atención. Si estás pensando en qué te vas a poner mañana o pendiente de la conversación de la pareja de al lado en un restaurante, que la comunicación fluya se convierte en una misión casi imposible. Una de las claves del éxito de la escucha activa es ser capaz de estar pendiente y focalizado sólo en el otro.
  2. Focalizarte en ti. En el 99% de las ocasiones sucede que estás más pendiente de lo que vas a responder a la otra persona más que de lo que te está contando esa persona. Entonces, de repente conectas y te das cuenta de que solo te has quedado con frases sueltas y ni siquiera estás segura de si lo que vas a responder tiene que ver ya con la conversación que estás teniendo.
  3. Interrumpir. Esto es muy nuestro, y sobre todo de las parejas. Es el colmo de la falta de atención. No solo estás dispersa pensando en qué vas a contestar a la otra persona, si no que ni siquiera permites que termine su exposición y tú ya estás metiendo baza en dos tonos por encima de tu interlocutor, haciéndole callar de manera fulminante.

Sí amiga, sí…esto te pasa constantemente ¡y lo sabes!

Pero vámonos ahora al otro extremo. ¿Qué puedes hacer tú para escuchar activamente?

Cómo escuchar activamente

  1. Respeta los turnos de palabra y no interrumpas a la persona que está hablando. De esta forma, tu hijo podrá expresarse libremente y se sentirá respetado.
  2. Cultiva un deseo real de querer escuchar y házselo saber (a tu hijo). Dale su espacio y acompaña sus palabras con tu mirada, tu sonrisa y tus gestos.
  3. Mantén el contacto visual. Esto ayuda mucho a crear un clima de confianza.
  4. Permanece atenta no sólo a lo que tu hijo te dice sino a cómo te lo dice. La comunicación no verbal (postura, gestos, mirada, expresión facial…) tiene mucha más importancia que el componente verbal. Se trata de un elemento indispensable si queremos lograr el éxito comunicativo.
  5. Evita distracciones. Las distracciones (tv, móvil, conversaciones cruzadas…) dificultan y entorpecen la comunicación. Proporciona a tu hijo un espacio donde poder comunicaros sin distracciones.
  6. Haz preguntas. Es una excelente manera de que la otra persona se sienta escuchada. Además así aclaras las dudas que te puedan ir surgiendo. Observa la cara de satisfacción de tu hijo cuando esto sucede.
  7. Haz pequeños resúmenes de lo que tu hijo te acaba de contar. A esto se le llama parafrasear. Refuerza la comunicación y hace que el otro se sienta escuchado y comprendido.

¿Cómo lo ves? ¿Fácil? ¿Misión imposible?

Si todavía no estás convencida al 100% de que la práctica de la escucha activa puede mejorar considerablemente tu relación con tu familia, para terminar, quiero que descubras los excelentes beneficios que esta práctica puede proporcionarte. Presta mucha atención.

Beneficios de usar la escucha activa

  1. Fomentas la confianza. Te ayuda a conocer y entender mejor a tu hijo. Afianza los vínculos de confianza. Creas un clima positivo en el que tu hijo poco a poco se irá abriendo y tú irás conociendo cómo es realmente. Qué le preocupa, a qué teme, con qué cosas disfruta…
  2. Aprendes de tu hijo. Al escuchar activamente a tu hijo, él mismo te va a proporcionar las claves para educarle en el día a día.
  3. Te ayuda a empatizar. La empatía es la capacidad de ponerte en el lugar del otro. Se trata de un aspecto indispensable para lograr el éxito en las relaciones sociales. Escuchando atentamente a tu hijo, terminarás entendiendo perfectamente qué pasa por su mente en cada momento.
  4. Fomentas el respeto. El respeto es un valor fundamental en todas las relaciones sociales (pareja, familia, trabajo…). Escuchando con atención a tu hijo le estarás transmitiendo el mensaje de que lo que te cuenta es valioso y que por lo tanto él es valioso y le respetas.

¡Qué lindo! ¿Verdad?

Pero sabes qué es lo mejor, que son pequeños cambios de comportamiento que son muy fáciles de incorporar. Y te aseguro que los beneficios son increíbles.

Te invito a que comiences a entrenar tu escucha activa, en primer lugar observándote cómo te comunicas con los demás. Dedica unos días a este ejercicio, observa cómo tu mente vuela cuando te hablan, cómo te interrumpes, cómo elevas el tono. Y cuando tomes consciencia plena de cómo es tu comunicación empieza a poner en práctica de uno en uno los consejos para escuchar activamente que acabas de leer en este post. De uno en uno, dale tiempo a tu cerebro para que integre sus nuevos patrones de atención.

Y finalmente, toma consciencia del gran avance que se produce en tu relación con tu hijo a medida que vuestra comunicación mejora.

Recuerda, tú eres la adulta. La responsabilidad de que tu hijo se convierta en una persona que escucha con atención, respeto y empatía es solo tuya. Aprovéchala.

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